y Pablo saltó como quiso.
La aguja lo saludaba
mientras pinchaba al botón que lo delatara.
Reproducimos el facsímil enviado por una fuente desconocida. Aparentemente, este hecho de catastróficas dimensiones habría ocurrido a fines de la década del 60 en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, y habría sido silenciado por la administración republicana, reservándole solo los peores tormentos —y eventualmente la muerte— a cualquiera que deslizara algún relato o prueba de lo sucedido. Ampliaremos.